Ya hace tres años un grupo teatral, Art Centre Coliseum, apoyado por
una misión de la OSCE en Moldavia llevaba a los escenarios un
espectáculo con el título "Casa
M" en el que se representaban historias reales de mujeres
víctimas de violencia de género, en todas sus vertientes, desde el
maltrato físico a la tortura psicológica o la sumisión en el ámbito
económico. Con un tratamiento escénico más convencional abordaba desde
una perspectiva pedagógica y preventiva este drama social. Los proyectos
que acoge el Teatrul
Spălătorie fundado por Nicoleta Esinencu, Doriana
Talmazan, Viorel Pahomi, Irene y Nora Vacarciuc Dorogan van más allá, se
atreven con pudores ancestrales como los que esconden el cuerpo de la
mujer madura en la vida pública comunitaria, no hay sitio para carnes
flácidas, ni para esplendores ajados en una sociedad que idolatra la
belleza como único dios. Así lo recoge la obra "FKK"
de Melanie Hinz, representada en el Staats Schauspiel de Dresde con el
que la sala de Chişinău promueve el intercambio artístico a través de la
Plataforma Spălătorie y fomenta la presencia de grupos internacionales
experimentales en la capital moldava. "Paradise Now" del artista rumano
Raluca Voinea, "Pacta sunt servanta", a cargo de Anca Benera y Estefan
Arnold, también de Rumanía o "Kommunalka" de Nicoleta
Esinencu han sido algunas de las actividades desarrolladas en el
marco de esta colaboración de una sala que pelea por sobrevivir al
margen de las subvenciones y ofreciendo un espacio a artistas locales
para presentar su obra al público en moldavo, pero también en ruso, otro
de los inviables de la convivencia pacífica para los maximalistas.
Lavan el teatro, porque higienizan el lenguaje, aunque haya quien les acuse de hacer neomarxismo "proletcult", a veces poniendo delante del espectador las manchas de la violencia, otras adentrándose en la "porquería" de los personajes, un inconformismo que evidencia la falsa blancura de una escenografía que no metía mano a los trapos sucios de la política, de la sociedad, inquiriendo al público sobre esos tabúes que deterioran una imagen inmaculada, pero muchas veces ficticia. "Fuck you America", "Sex big ones", "A (II) Rh +", "Footage", "Eu.ro.pa!" centrifugan los estereotipos para que el espectador salga de la sala con ganas de volver a mojarse, incluso frente a las impolutas e intocables instituciones, cuestionando el papel de los héroes de las revoluciones. Es el caso de algunos capítulos que la buena letra de algunos han querido borrar para convertir en hagiografía los borrones históricos de la era Antonescu como en "Clear History" que cuelga en el tendedero una de esas camisas que avergüenza blanquear a la luz del sol, la expulsión de los civiles judíos de Rumanía, Besarabia y Transnitria entre 1942 y 1943, en plena Segunda Guerra Mundial. Negacionismo amparado en la culpa global asumida por el Tercer Reich alemán que disipa para algunos la necesidad de enjuagar las propias responsabilidades en el exterminio. A sus lavanderas no les importa tener que orear la intransigencia sexual en el seno de la familia, sin tapujos, en montajes como "Dragă Moldova, putem să ne pupăm puțin de tot?" o "ROYGBIV", dirigido por Bogdan Georgescu, o la falta de empatía de quienes salieron a protestar para impedir que construyeran un centro para niños discapacitados frente a sus casas, alegando que provocaría atascos en las calles de la capital.
Este jueves si estás en Chişinău puedes asistir a "Mame Fără Pizdă", algo así como "Madres sin coño". Con título tan contundente el vapuleo no puede ir sino contra las normas que encorsetan nuestro comportamiento social, enseñándonos a no hablar en la mesa, a no chillar y a educar a los hijos para que reproduzcan sin disfuncionalidades el orden impuesto.
Enlaces de interés:
Los vídeos de teatru spălătorie
Romanian and Moldavian theatre performance scheduled in Berlin